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LOS COMPLEMENTARIOS

 

"Mis ojos en el espejo
son ojos ciegos que miran
los ojos con que los veo."

Los Complementarios (1912-1926)

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[6r]

[Versos originales y notas, a continuación del apunte: Sobre el soneto]

I
¿Por qué, decidme, hacia los altos llanos,
huye mi corazón de esta ribera,
y en la tierra labradora y marinera
suspiro por los yermos castellanos?
Nadie elige su amor. Llevóme un día
mi destino a los grises calvijares,
donde ahuyenta al caer la nieve fría,
la sombra de los muertos encinares.
De aquel mozo de España, alto y roquero,
hoy traigo a ti, Guadalquivir florido,
una mata del áspero romero.
Mi corazón está donde ha nacido,
no a la vida, al amor: cerca del Duero
..... ¡El muro blanco y el ciprés erguido!

[25r]

De mi Folk-lore
Canciones del Alto Duero
Cantan las mozas.

De A. M.

CANCIONES DEL ALTO DUERO

(1)


A la orilla del Duero,
niñas, cantad,
mientras danzáis en corro:
Ya vino Abril galán.


(2)


España, año VIII, n.º 304, 21 de enero de 1922.

1 Abril 1916
(Inédita)

[26r] Poética (pp.1188-1899).

[53v] Literatura. Filosofía. El amor tuerto y Werther en España.

Sobre el amor: p. 1234.

Sobre Don Juan: p. 1255-1256.

 

[93r]: p. 1260.

 

[100v] [Versos originales]

 

[124r]. Soria: p. 1286.

[127r] Sobre el amor: p. 1288.

Leonor, al parecer: p. 1325.

[164r] Versos originales.

(Versos no incluidos en Nuevas Canciones y últimos versos de Antonio Machado)

I

Las campanadas del alaba
sonando están.

Como lágrimas de plomo
en mi oído dan;
y en tu sueño niña, como
copos de lana serán.

Tin tan, tin tan,
las campanitas del alba
sonando están.

II

Muchas leguas de camino
hizo mi canción.
-¿En busca de un espejo?
-Buscando un corazón.

III

Jardines de mi infancia
de clara luz, que ya me enturbia el tiempo,
con las lluvias de abril.... con el milagro
brillad, jardines, de unos ojos nuevos.

[169r]

[169v] Sobre el amor: p. 1333.

171r [Versos originales]

Empañé tu memoria. ¡Cuántas veces!
La vida baja como un ancho río,
y cuando lleva al mar alto navío
va con cieno verdoso y turbias heces.
Y más, si hubo tormenta en sus orillas
y él arrastra el botín de la tormenta,
si en su cielo la nube cenicienta
se incendio de centellas amarillas.
Pero aunque fluya hacia la mar ignota
es la vida también agua de fuente
que de blanco nevero, gota a gota,
o en ruidoso penacho, de torrente,
bajo el azul, sobre la piedra, brota.
Y allí suena tu nombre, eternamente.

A. M.

[172r] Versos originales.

Era mi corazón encrucijada
de cien caminos, todos pasajeros,
sitio de azar sin cita ni posada
como andén bullicioso de viajeros.
Hizo a los cuatro vientos su jornada
disperso el corazón por los senderos
del monte entre la piedra aborrascada,
al capricho, en el mar, de cien veleros.

[173r] Versos originales.

Tuvo mi corazón, encrucijada
de cien caminos, todos pasajeros,
un gentío sin cita ni posada,
como en andén ruidoso de viajeros.
Hizo a los cuatro vientos su jornada
disperso el corazón por los senderos
de clara tierra y piedra aborrascada,
y la suerte, en el mar, de cien veleros.

Hoy, enjambre que torna a su colmena,
cuando el bando de cuervo enronquece
en busca de su peña denigrida,
vuelve mi corazón a su faena,
con néctares del campo que florece
y el luto de la tarde desabrida.

(Faltan dos hojas)

[175r] (Versos originales)

El tiempo que la barba me platea,
ahondó mis ojos y arrugó mi frente,
va siendo en mi memoria transparente,
y mientras más lejano, más clarea.
Tedio infantil, amor adolescente,
¡cómo esta luz de otoño os hermosea!
¡Agrios caminos de la vida fea
que también os doráis al sol poniente!
¡Cómo en la fuente donde el agua llora
se vela en la piedra esta leyenda escrita:
del tiempo que murió falta una hora.
Y cómo aquella ausencia en una cita,
bajo los olmos que noviembre dora,
del fondo de mi historia resucita!

A. M.

[181r]

¿En dónde, sobre piedra aborrascada,
vieja ciudad de pardo caserío
te he visto, y entre montes empinada?
Al fondo de un barranco suena un río.
Vieja ciudad, (la) luna amoratada
asoma, enorme, en el azul vacío,
sobre la fortaleza torreada
¡oh ruina familiar de un sueño mío!
Mas, esos claros chopos de ribera
-¡cual vence una sonrisa un duro ceño!-
me tornan a un jardín de primavera,
goces del sueño, al verdear risueño.
¡Rosa carmín y blanca arrebolera
también salís del fondo de mi sueño!

AM

107= copiada en 1924.

[190v] Versos originales.

Nubes, sol, prado verde y caserío
en la loma lejana. Primavera
puso en el aire de este campo frío
la gracia de sus chopos de ribera.

Los caminos del campo van al río
y allí, junto del agua, amor espera.
¿Por ti, se pone el campo un atavío
tan joven, mi invisible compañera?

Y ese perfume del haber al viento,
y esa primera blanca margarita...
Tú me acompañas. En mi mano siento

doble latido; el corazón me grita,
que en las sienes me asorda el pensamiento
eres tú quien florece y resucita.

(Falta 1 hoja)


[193v] [Versos originales]

Soneto

Nubes, sol, prado verde y caserío
en la loma, revueltos. Primavera
puso en el aire de este campo frío
la gracia de sus chopos de ribera.
Los caminos del campo van al río
y allí, junto del agua, ¿quién espera?
Por quién se viste el campo ese atavío
tan joven ¡oh invisible compañera!
¿Y ese perfume del habar al viento?
¿Y esa primera blanca margarita?
Tú me acompañas. En mi mano siento
doble latido; el corazón me grita,
y en las sienes me asorda el pensamiento:
¡Eres tú quien florece y resucita!


Viejas canciones

A la hora del rocío
de la niebla salen
sierra blanca y prado verde.
¡El sol en los encinares!

Hasta borrarse en el cielo
suben las alondras.
¿Quién puso plumas al campo?
¿Quién hizo alas de tierra loca?

Al viento, sobre la sierra,
tiene el águila dorada
las anchas alas abiertas.

Sobre la picota
donde nace el río,
sobre el lago de turquesa
y los (el) barrancos de los verdes pinos.

Sobre veinte aldeas
sobre cien caminos...
Por los caminos del aire,
águila dorada
¿dónde vas a todo vuelo tan de mañana?

 

Los Complementarios [108v].


[Tiburcio Rodrigálvarez] Nació en Almazán en 1838. Murió en Soria en 1908. fue amigo de Gustavo Adolfo Bécquer de quien conservó siempre grato y vivo recuerdo.

I

Era la mayor, Clotilde,
rubia como la candela,
era la más pequeñita,
Inés, como el pan morena.

Una tarde de verano
se partieron de la aldea;
salieron a un prado verde,
posaron sobre la hierba.

No he podido recordar el texto del romance en que se describe una tormenta de verano. Sólo recuerdo estos versos:

el viento húmedo sopla;
los montones relampaguean.

Fue leída por su autor, que poseía también algunos autógrafos de Bécquer.