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INÉDITOS

Yo buscaba a Dios un día

A otro Azorín todavía mejor

 

 

YO BUSCABA A DIOS UN DÍA
Descubierto, en 1989, por la profesora María Luisa Lobato

I

Yo buscaba a Dios un día.
¿Dónde estás que no te veo?
Era una voz que decía:
Creo.

Tengo en mi pecho clavado
Un dardo tuyo, Señor.
Me heriste y he blasfemado
Por amor.

II

La muerte ronda mi calle
Llamará.
¡Ay, lo que yo más adoro
se lo tiene que llevar!

La muerte llama a mi puerta.
Quiere entrar.
¡Ay! Señor, si me la llevas
ya no te vuelvo a rezar.

¡Ay!, mi corazón se rompe
de dolor.
¿Es verdad que me la quitas?
No la quites, Señor.

Una mañana dorada
de un día de primavera
vi sentada la muerte a su cabecera.

Quiero amarte y sólo puedo
blasfemar y aborrecer,
mátame la fe del miedo
del poder.

III

Tengo en mi pecho clavado
un dardo tuyo, Señor,
me heriste y he blasfemado
por amor.

Señor, Señor, yo te llamo
¿Dónde estás que no te veo?
Voz que en el desierto clama
dice: Creo y creo, creo.


A otro Azorín
todavía mejor

En su alma hay luz de fondo,
la claridad que viene
de la hoguera central, es Dios que alumbra
y es Dios por quien el mundo es transparente.
Fuera del tiempo mira
que el tiempo pasa y muerde
violetas y jazmines
y hiedras y laureles
la carne sonrosada,
el chopo de la orilla, el campo verde,
y sabe que la roca y las montañas
y las dulces estrellas se disuelven
en el inmenso mar y el alma llora,
que no puede morir, por lo que muere
y este llorar del alma,
dice la eterna fuente,
es Dios que fluye y llora
y de su propia eternidad padece.